¿ES BUENO CONTRATAR A UN APAREJADOR QUE SEA COLABORADOR HABITUAL DEL ARQUITECTO?

Dudas con relación a la función de arquitecto y arquitecto técnico

Me consulta el cliente de un arquitecto al que le ha encargado el Proyecto y la Dirección de Obra de un bloque de seis viviendas en un solar que ha heredado de un familiar.

Me confiesa que está conforme con el Proyecto que me ha preparado pero le ha sorprendido que quiera que la Dirección de la Ejecución de la obra la lleve un aparejador que él me recomienda.

A partir de ahí, me plantea una serie de preguntas:

¿Puedo contratar yo el aparejador que quiera?

¿Es recomendable contratar a un aparejador que colabore habitualmente con el arquitecto?

Si así lo hago ¿Que ventajas tiene para la buena marcha de la obra? 

Aclaraciones sobre la Dirección Facultativa formada por un arquitecto y un arquitecto técnico

De acuerdo con lo establecido por la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación, las obras de construcción tienen que contar con un Director de Obra, cuya función es ejercida por un arquitecto y con un Director de Ejecución de la Obra cuya función es ejercida por un aparejador o arquitecto técnico.

Por tanto, el promotor puede libremente contratar al arquitecto y al arquitecto técnico que quiera.

El arquitecto y el arquitecto técnico deben constituir un equipo

Pero el promotor tiene que tener en cuenta que la buena marcha de la obra requiere que el arquitecto y el arquitecto técnico trabajen en equipo.

En la línea expresada de confianza en el arquitecto contratado, lo más conveniente es elegir un aparejador o arquitecto técnico cuya profesionalidad esté asegurada por colaborar habitualmente con el arquitecto. Esta colaboración habitual supone la constatación de un trabajo coordinado que será muy útil para resolver la variada problemática que se puede presentar a lo largo del proceso de materialización de la obra.

Esa colaboración “rodada” a lo largo de una serie de obras anteriores, es la mejor tarjeta de presentación para el desarrollo de un trabajo en equipo y de una complementariedad en la toma de las decisiones que inevitablemente habrá que tomar durante la duración de las obras. Y no se debe olvidar que las obras no se realizan de un día para otro, sino que los plazos de ejecución son siempre largos y están sujetos por tanto a un amplio abanico de vicisitudes. El trabajo en equipo de un arquitecto y un aparejador (o arquitecto técnico) “que hablen el mismo idioma” es la mejor garantía para atajar problemas y tomar decisiones eficaces.

Desde el punto de vista práctico, es muy importante que el aparejador (o arquitecto técnico) presente al promotor un presupuesto lo más detallado posible de los honorarios a devengar o al menos los porcentajes a aplicar en función del presupuesto de la obra a realizar. Como en el caso del arquitecto, este presupuesto debe contar también con las fechas previstas de los pagos de honorarios en función del proceso edificatorio.

Y aunque no sea obligatorio, mi recomendación es que los compromisos mutuos adquiridos, como en el caso del arquitecto, queden recogidos en un contrato suscrito por ambos: promotor y aparejador (o arquitecto técnico).

Showing 2 comments
  • Avatar
    Juan Manuel
    Responder

    Totalmente de acuerdo con lo expresado en el post;
    La sinergia derivada del trabajo complementario de un equipo formado por un arquitecto y un arquitecto tecnico colaboradores habituales deberia ser conocido por todos los promotores.

  • Luis Jurado
    Responder

    Gracias, José Manuel.
    Este argumento es el que he mantenido durante todo mi ejercicio profesional. Y a mí, me ha ido muy bien.
    Vaya mi recuerdo y mi agradecimiento para los tres aparejadores con los que he colaborado en la la dirección facultativa del 90% de mis proyectos.

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