Los edificios construidos en los desarrollos urbanísticos de los municipios situados en la periferia de las grandes ciudades, con independencia de su antigüedad, su tipología o sus características constructivas también requieren una conservación continuada.

Todos los edificios son diferentes, pero todos necesitan ser conservados. Y si los edificios no se conservan solos, la gestión de la conservación tampoco se hace sola.

Esta es la opinión de un ciudadano que tiene la suerte de que la conservación de su edificio está gestionada por un profesional.

  • Mi nombre es Rocío y vivo en un edificio compuesto por cuatro portales con veinte viviendas cada uno, situado en un municipio de la periferia de mi ciudad
  • Casi todos los vecinos llevamos muchos años viviendo en el edificio y nos conocemos bastante bien.
  • El hijo del propietario del 3ºD cuando terminó la carrera de arquitectura, se ofreció a asesorarnos sobre un problema que tuvimos con el ayuntamiento. Aparecieron unas humedades en la zona de la fachada y él descubrió que estaban producidas por la rotura de una tubería municipal que pasaba junto al edificio.
  • Desde entonces, es nuestro “ángel de la guarda”. No se toca un ladrillo sin contar con su opinión. El arquitecto ha ido ganando experiencia y nosotros hemos ido aumentando nuestra confianza en él.
  • Una vez hubo que localizar los planos originarios del edificio y, no sé cómo lo hizo, pero en menos de una semana apareció con una copia del proyecto. Recuerdo que todos los papeles tenían un sello que decía “visado a los efectos reglamentarios” y una fecha de 1976. Yo no había ni nacido.
  • Con el paso del tiempo, nuestro arquitecto se ha encargado de darnos cada año un “calendario de actuaciones de mantenimiento” y de comprobar su cumplimiento con un par de visitas anuales. El las sitúa siempre al final del invierno y al comienzo del otoño.
  • Desde que él supervisa el estado de nuestro edificio, hemos tenido que realizar dos inspecciones a las que obliga el ayuntamiento y que creo que se llaman ITEs. Una en 2007 y otra en 2017. Es como si se tratara de la ITV de los coches. Y en ambas ITEs, el edificio ha tenido un dictamen favorable por lo que no ha hecho falta acometer obras que nos afecten al bolsillo. Y si al coche hay que revisarlo cada año, al edificio no le volverá a tocar hasta dentro de 10 años. En fin, un ahorro.
  • Y para terminar, voy a recordar una frase que dijo nuestro arquitecto y que se me quedó grabada: “Cómo no iba a salir la ITE favorable, si a este edificio casi le estamos haciendo la ITE día a día”.
  • Mi consejo es que si no quieres hacer derramas por culpa de una ITE desfavorable, cuenta con un “Arquitecto de la Casa”.

Nota: El texto anterior es una recreación basada en diversos casos vividos personalmente por mí a lo largo de los años que llevo dedicado a la conservación de edificios.

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