In LOS CASOS

Hoy quiero ser didáctico porque he conocido bastantes casos en los que se confunden las humedades de condensación con las humedades de filtración. Por ello para no confundirlas, lo primero que conviene es aprender qué son y cómo se identifican las humedades producidas por condensación.

Este tipo de humedades se generan siempre por diferencia de temperatura entre la cara exterior y la cara interior de un paramento. La diferencia de temperaturas al llegar al punto de rocío, produce lo que se conoce como condensación, que es la formación sobre el paramento afectado de pequeñas gotas de agua provenientes de la propia humedad relativa del aire interior de la dependencia.

Dos ejemplos de condensaciones que todos hemos experimentado son el empañado del espejo de un cuarto de baño al abrir el grifo del agua caliente o el humedecido del exterior de un vaso al contener una bebida con hielo.

La condensación es mayor cuando existe más diferencia de temperatura entre el exterior y el interior de la dependencia. La conversión del vapor de agua en pequeñas gotas se produce sobre el paramento más frío de la dependencia y se localiza inicialmente en los llamados puentes térmicos existentes en los cercos de las ventanas, en las zonas carentes de aislamiento térmico o en los elementos estructurales que están en contacto con el exterior.

Cuando las humedades de condensación se prolongan en el tiempo, desarrollan colonias de moho que se extienden por el paramento afectado cuando la diferencia de temperatura que la genera, es uniforme a lo largo de toda su superficie.

Un ejemplo muy claro de humedades de condensación es el que ilustra este post. Como se puede ver en la fotografía, las humedades de condensación se caracterizan por su extensión superficial y por carecer de los cercos que sirven para identificar las humedades producidas por filtración.

Y una vez explicada la causa de las humedades de condensación, vamos a volver al principio. A la equivocación al identificar humedades de condensación y pretender subsanarlas como si fueran de filtración.

He conocido infinidad de azoteas y cubiertas que han sido sometidas a trabajos de impermeabilización por la sospecha de que las humedades aparecidas en los techos de las habitaciones situadas debajo de ellas eran debidas a filtraciones. El proceso es el siguiente: se detecta la humedad y aparece un operario “poco cualificado” que inmediatamente aplica la “purga de Benito” en forma de pintura de clorocaucho o colocación de láminas de aluminio gofrado. Naturalmente, las condensaciones no quedan eliminadas porque la única forma de eliminarlas es aplicando aislamiento térmico, no impermeabilización.

Lo malo es que el calendario además ayuda a la confusión. Suele ocurrir que la pretendida humedad de filtración, que en realidad es de condensación, se produce en pleno invierno cuando llueve y nieva y que como cuando aparece el operario “poco cualificado” ya es primavera, la mejora de temperatura hace que parezca que no vuelven a salir las humedades con lo que el operario “poco cualificado” se va convencido de lo listo que es y lo eficaz de su remedio. Pero, eficaz, lo que se dice eficaz, sólo será hasta que vuelvan a bajar las temperaturas al llegar el siguiente invierno.

Para terminar, voy a citar un comentario que le hoy a un profesor de la Escuela de Arquitectura hace muchos años y que se puede aplicar al caso descrito: “No deja de ser sorprenderte que esos operarios “poco cualificados” que confunden las condensaciones con filtraciones en el caso de los edificios, cuando se están tomando un whisky en un bar y el vaso se les empaña, nunca vayan a pedirle al camarero que les cambie el vaso porque piensan que tiene poros y el líquido se les escapa por ellos”.

Y es exactamente lo mismo.

Luis Jurado
Arquitecto especializado en divulgación sobre edificios en Jornadas, Cursos y Medios de comunicación
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