In LOS CASOS

Cualquiera conoce el aspecto que presenta una almohada tras una noche calurosa de verano. Durante la noche, el sudor del durmiente empapa la superficie de la almohada a derecha e izquierda acompasado por los cambios de postura de su cabeza. Y al amanecer, se despierta con la almohada decorada con una serie de manchas con forma de cercos más o menos concéntricos.

Este ejemplo es comparable al aspecto de un simple trapo de planchar tras hacer su trabajo sometido a las sucesivas proyecciones del vapor de agua que lo empapa y las consecuentes pasadas de la suela caliente de la plancha que lo seca.

Ejemplo de manchas concéntricas con cerco, existen muchos. Y como ejemplo también, no puedo por menos que recordar una frase que oí hace muchos años ante una pared que había sufrido una filtración de agua: “Mire, usted como se me ha quedado. Si parece el colchón de un niño meón”.

Yo, que llevo muchos años intentando explicar los temas de los edificios utilizando símiles que permitan entender lo que ocurre en ellos, cuando tengo que explicar la manera de distinguir las humedades producidas por filtraciones, siempre hablo de la almohada veraniega o del trapo de planchar y si es necesario, del colchón del niño meón.

Como perito me ha tocado pronunciarme en muchos juicios sobre el origen de unas determinadas humedades. Y para identificar las humedades de filtración, me vale con cualquiera de estos tres ejemplos. Tras mi explicación pericial, por la cara que expresan los miembros de la sala y por lo que luego se expresa en las sentencias, estoy convencido de que el ejemplo ha sido entendido. Cuando hay cercos, es filtración.

Y es que lo que diferencia a las humedades de filtración de los otros dos tipos de humedades (condensación y capilaridad) son las manchas en forma de cercos más o menos concéntricos.

¿Por qué las filtraciones producen manchas con cercos?

Las humedades de filtración se originan por el paso de agua a través de un punto del cerramiento exterior o de la compartimentación interior del edificio. Este punto puede encontrase tanto en un paramento vertical como los muros o los tabiques como en un paramento horizontal como los techos o la cubierta.

Las filtraciones de agua desde el exterior siempre van asociadas a la lluvia o al riego, mientras que las filtraciones de agua desde el interior siempre van asociadas a fugas de instalaciones que transportan líquidos como la fontanería, la calefacción y el saneamiento.

Los paramentos afectados por una filtración se ven sujetos a una primera fase de empapado mientras reciben la afluencia de líquido y a una segunda fase de secado cuando cesa la recepción de agua. Como el secado no se produce a la vez en todo el paramento afectado, se va generando una mancha a modo de cerco que delimita la zona seca de la que aún permanece mojada.

En el caso de una filtración que finaliza simplemente con el accionado de una llave de paso, sólo da tiempo a que se manifieste un cerco, pero en el caso de filtraciones intermitentes como las de agua de lluvia o de riego, se van generando sucesivas manchas con tantos cercos concéntricos como el número de veces sucesivas que el paramento se ve afectado por los ciclos de lluvia/riego y secado.

¿Dónde puede estar el origen de una humedad de filtración?

Las humedades de filtración no solo son fáciles de distinguir por los cercos que las caracterizan, sino que también es fácil determinar su origen. Basta por encontrar el punto por donde entra el agua. Y aunque haya que inspeccionar el edificio minuciosamente, los puntos sospechosos de ser la causa originadora de la filtración son siempre los mismos.

Cuando se trata de una filtración por el tejado, tendremos que encontrar donde hay una teja rota o donde hay una discontinuidad en las limas o en la impermeabilización de la arista de encuentro entre faldones o entre éstos y los conductos de chimeneas.

Cuando se trata de una filtración desde una azotea, habrá que comprobar si los solapes de la impermeabilización están desprendidos o si las canaletas y los sumideros cumplen adecuadamente su función por estar obstruidos o situados a una cota inadecuada para su correcto funcionamiento.
En los casos de filtraciones a través de muros, la mayor parte de las veces se producen por cualquiera de las juntas existentes entre los distintos materiales que componen la fachada del edificio. Las juntas más proclives son las situadas entre los marcos de la carpintería y los muros o entre los vierteaguas y las jambas de las ventanas. También se pueden producir filtraciones por el revoque del agua de los aleros por ausencias de goterones. Y en menor medida, además puede haber filtraciones a través de fisuras o grietas en fachada, o por la rotura de cualquier elemento de fachada como los ladrillos, los aplacados o los revestimientos.

En mi ejercicio profesional, asimismo he conocido muchos casos de filtraciones a través de las juntas estructurales o de dilatación, cuyo sellado se ha ido degradando por falta de mantenimiento.

Por último, cuando se trata de humedades de filtración generadas desde el interior del edificio, siempre van asociadas al trazado de cualquiera de las instalaciones del mismo. En estos casos, basta con localizar la conducción que produce la fuga. Esto suele ser sencillo pues lo que hay que hacer es encontrar la tubería que se encuentre al otro lado del tabique o del forjado donde se manifiesta la humedad aunque su trazado esté oculto tras una mocheta o el pavimento de la dependencia.

Y hasta que no esté corregida la causa de la humedad, no se podrá proceder a subsanar los efectos producidos. Nunca al revés.

Espero que mis lectores no sufran de humedades de filtración en sus viviendas para que no se tengan que acordar de las noches calurosas de verano, de los trapos de planchar o de los niños meones.

Luis Jurado
Arquitecto especializado en divulgación sobre edificios en Jornadas, Cursos y Medios de comunicación
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