In MI OPINIÓN

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la arquitectura como el arte de proyectar y construir edificios.

La Arquitectura siempre ha sido una de las denominadas artes clásicas conjuntamente con la escultura, la pintura, la literatura, la danza y la música. En tiempos modernos, esta lista se amplió con la cinematografía, calificada como el séptimo arte.

Yo siempre he considerado que la arquitectura como concepto está muy por encima de otros conceptos, igual de respetables pero más banales, como la construcción o la edificación.

Cuantas veces hemos visto como a la pobre y vilipendiada arquitectura se la acusa de ser cómplice de la especulación o de la burbuja inmobiliaria o del deterioro del medio ambiente…

En esta línea tengo que afirmar que desde siempre me ha parecido improcedente calificar a las barreras físicas que condicionan la accesibilidad y el libre desplazamiento de las personas con movilidad reducida, como barreras arquitectónicas cuando se trata de barreras producidas por los elementos constructivos, no por la arquitectura.

Considero muy injusto llegar a calificar de barrera “arquitectónica” al escalón producido por un bordillo de una acera situada en un parque a doscientos metros del edificio más próximo.

De modo que al César lo que es del César.

Si las barreras son debidas a los elementos constructivos, por qué no empezamos a calificarlas como “barreras constructivas” y dejamos a la Arquitectura en paz.

Luis Jurado
Arquitecto especializado en divulgación sobre edificios en Jornadas, Cursos y Medios de comunicación
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